SECCIÓN: ¿REFLEXIONAMOS?

 
  EL MUNDO CUANDO CONVERSAS  
     
  Cuando conversas de verdad, cuando compartes un poquito de ti y del otro, parece que el mundo es más cálido.  
     
  miércoles, 16 de mayo de 2007  
 

Cuando compartes un poquito de ti y del otro, parece que el mundo es más cálido

Cuando compartes un poquito de ti y del otro, parece que el mundo es más cálido

Admiro a la gente que tiene capacidad de conversar. No a los charlatanes, de verborrea incesante pero a veces hueca. Tampoco a quienes se escuchan a sí mismos, y entienden que el otro es únicamente público. Admiro a esos otros que son capaces de compartir historias, bucear en sus vidas, comunicarse desde la alegría y el dolor, desde la palabra y la mirada… no necesariamente con conversaciones trascendentes o profundísimas. A veces es el comentario de la última noticia, la narración sencilla de lo ocurrido en la jornada o la pregunta sincera por el otro. Y es que cuando conversas de verdad, cuando compartes un poquito de ti y del otro, parece que el mundo es más cálido.

Y entonces dejas de preguntarle a la realidad qué esconde tras su fachada habitual

Y entonces dejas de preguntarle a la realidad qué esconde tras su fachada habitual

Si me descuido pierdo la curiosidad, la inquietud, la atención. La prisa puede matar la capacidad de contemplar, y de compartir.
Y entonces dejas de preguntarle a la realidad qué esconde tras su fachada habitual. Preguntar al semblante turbado, “¿qué ocurre?”. O a la risa contenida “¿qué tienes hoy…?” Sí, vivo a veces demasiado rápido. De un lado a otro, de casa al trabajo, de una tarea a la siguiente… Y me falta la ocasión para hablar un rato con mis gentes, sin temer que el teléfono interrumpa, que el reloj me recuerde que tengo que arrancarme o que las tareas pendientes me llamen.

Y, en el silencio, querría conversar con Él, y aprender de Él a conversar con otros

Y, en el silencio, querría conversar con Él, y aprender de Él a conversar con otros

Creo que el Dios que descubro en Jesús es un Dios que habla. Me gusta verle conversando… con los heridos en el camino, atento a su dolor; con los amigos en Betania, relajado y confiado; con el terco Pedro o el inquieto Zaqueo. Me lo imagino hablando con palabras que llegan hondo, y escuchando las historias desgranadas por hombres y mujeres necesitados de encuentro. Supongo que su escucha no es mecánica, sino personal, y su palabra es sincera. Y, en el silencio, querría conversar con Él, y aprender de Él a conversar con otros.

 
     
 
     
 
 

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